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Editorial

Sentipensamiento

Por: Mario Cura

Mario es porteño, autor y director de teatro. Ha publicado varios libros entre los que encontramos “Mujeres de la patria grande” (un homenaje a las mujeres que lucharon a lo largo de la historia), y sus obras teatrales se estrenaron en todo el país y en el exterior. Entre estas últimas podemos mencionar “Susana Valle” y “Juana Azurduy”.

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En 1968, Arturo M. Jauretche publicaba el MANUAL DE ZONCERAS ARGENTINAS y nos decía que: “Descubrir las zonceras que todos llevamos dentro es un acto de liberación; es como sacar un entripado valiéndose de un antiácido, pues hay cierta analogía entre la digestión alimenticia y la intelectual. Es algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis que son modos de vomitar entripados- siendo uno mismo el propio confesor o psicoanalista”

A partir de estas palabras me quede pensando en cómo podrían seguir dentro de uno esas zonceras, y cómo se pueden resignificar operando de distintas maneras en nuestra cotidianidad. Vino a mi cabeza la Zoncera 1 “Civilización o barbarie” y trate de auscultarme, de descubrir cómo esas dos palabras a veces se nos presentan bajo otras formas. Trataré de ir a lo concreto.

¿Cuántas veces ante decisiones que tenemos que tomar nos surge el dilema de si apelamos a nuestro ser “Civilizado” (supuestamente pensante, racional, medido, etc.) o dejamos que nuestro “Bárbaro” (salvaje, impulsivo, irracional, etc) sea quien actúe o decida?

Uno, “el civilizado” es generalmente aceptado como el más equilibrado, el más sensato, el que no se deja llevar por sus instintos, desechando así a nuestro “salvaje” que nos insta a actos más animales o desmedidos. Linda y oculta manera de desechar ese potencial que nos da este último, pues “su saber” no está construido desde lo socialmente aceptado, sino de nuestras vivencias, intuiciones, emociones que de ninguna manera tienen que estar disociadas del pensamiento, pues saben confluir con lo que Eduardo Galeano llamó “el sentipensamiento”

Este es capaz de revelarnos cosas que no están adaptadas, a lo que circula naturalizado pero no es más “que sentido común construido para adaptarnos”·

No es cuestión de oponer el sentir con el pensar, sino de integrarlos dentro y potenciarnos, confiar en esa fuerza en eso que muchas veces sentimos como verdadero y no nos animamos a decirlo o a practicarlo.

¿Cuántas veces esas personas a las que se podrían tildar como incultas nos enseñaron desde sus experiencias y con sus palabras? ¿Y cuántas veces los “ilustrados” fueron los que nos estafaron o mintieron bajo el ropaje de “la cultura?

Confiar en lo que se siente, en lo que nos dice esa brújula que llevamos dentro, cuando no la “anestesiamos” puede llevarnos por caminos que aún no descubrimos, que son dignos de ser pensados.

El Robinson Crusoe Urbano

Por Marcelo Gabriel Porzio

Marcelo es docente, oriundo de la ciudad de Avellaneda, ubicada al sur del conurbano bonaerense, en la provincia de Buenos Aires, Argentina.

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Quiero compartir con ustedes una supuesta zoncera, la he escuchado en más de una oportunidad y espero que solo sea una estúpida frase repetida por mediopelos de barrio… de mi barrio y que no se transforme en sentido común de la clase media.

Hay una frase atribuida a Mark Twain1 en la que sostiene que “es más fácil engañar a una persona que convencerla de que fue engañada.” y seguramente a la mayoría de nosotros nos sucedió en algún momento de nuestra vida, quizás en el amor, en la política, en la religión, pero juntamos coraje y aceptamos que fuimos engañados y como decía mi abuela… a otra cosa mariposa. Nos garcaron, sí ¿Y? ¿Cuál es el problema?.

Pero existen personas que se dan cuenta que fueron engañadas, pero no pueden aceptarlo, ya que aceptarlo implicaría que toda la estructura de su vida ideal se les desmorona, se les viene abajo. Van a hacer un gran esfuerzo por sostener ese engaño utilizando todo tipo de argumentos y porqué no, también excusas.

Ciertas “verdades”, que adquirirán la categorías de verdades absolutas solamente porque habían sido escuchadas desde su infancia o adolescencia dentro de su grupo de crianza, es decir padres, abuelos, tíos y dichas personas, según ellos, tenían la autoridad para decirlo…”magister dixit”2, si ellos lo decían así debía ser, sin cuestionamientos, ni repreguntas.

La palabra de “esos maestros” solo generaban respuestas y ninguna pregunta, debe ser por eso que siempre repetirán todo lo que escuchan.

Aceptar que vivieron y crecieron, creyendo “verdades falsas”, demostraría que esos maestros no eran tales, la realidad destruiría sus figuras ideales. Pero prefieren vivir así, aceptando vivir engañados.

La frase en cuestión, la que me lleva a escribir estas líneas, la escuché en varias oportunidades, particularmente de mi círculo de amigos, compañeros de trabajo y vecinos, pero lo decían así livianamente, como al pasar.

Pero como lo dijo ese vecino en el almacén del barrio... ¡Nunca!.

Más que escucharlo fue como si hubiese visto y juro que vi salir las palabras de su bocota experta.

El tipo ahí parado a contraluz, hablando, criticando, quejándose, gesticulando con sus manos, bien típico de porteño, y ahí che con la misma seguridad que se tenía el Diego cuando pateaba un tiro libre, como dueño de una verdad develada, mando la frase matadora: “¡¡A mí nadie me regaló nada, todo lo que tengo lo hice laburando!!!!”... aaaayyy me caigo y me levanto… por no decir una barbaridad.

Yo al tipo lo juno del barrio, lo conozco, es un cincuentón como yo, hizo la primaria en la escuela pública del barrio, se recibió de técnico mecánico, en la primera escuela fábrica creada por el presidente que él aborrece, tuvo un breve paso como estudiante por la actual UTN, originalmente Universidad Obrera, universidad que los militares del 55 le quitaron la palabra Obrera, y que fue creada por el mismo presidente que impuso la educación técnica y que el tipo igual aborrece.

¡Nadie me regaló nada, dice el caradura!, y todo lo que es, es gracias al Estado que le brindó educación y formación profesional con los impuestos de los demás ciudadanos-contribuyentes.

¡Nadie me regaló nada, dice el sabelotodo que pagó impuestos subvencionados por el Estado, para que con su salario pueda llegar a fin de mes y con la plata que no había gastado, con la que había logrado ahorrar, se pudiese ir de vacaciones.

¡Nadie me regaló nada dice el tipo que ignora que lo que tiene, lo tiene no por mérito propio, sino porque hubo políticas de Estado que acompañaron su esfuerzo personal.

Para reforzar este ejemplo sobre la presencia del Estado en nuestras vidas, quiero contarles un breve diálogo de típico medio pelo azonzado, que me sucedió telefónicamente con un viejo amigo de la juventud en el año 2017:

Amigo-¿Che flaco conoces algún lugar del Estado que dé cursos gratis para colocar equipos de aire acondicionados?

Yo-¿Pero cómo, no era que vos estabas en contra de que el Estado ayude a la gente usando la plata de tus impuestos? Bueno, ahora yo no quiero que el Estado use mi plata para pagarte un curso, vende la camioneta y paga el curso amigo.

Amigo-¡CLICK!

Fin de la charla y de la amistad.

Por personas así, como mi vecino y mi ex amigo, la pasta dentífrica viene con instrucciones.

¿En algún momento, estos tipos se preguntaron qué sería de ellos sin el Estado presente en sus vidas y en la de sus padres?

¿Serán capaces de cuestionar y romper con esos mandatos familiares que solo los dejan como unos ridículos por repetir todo sin ninguna reflexión?

¿Algún día podrán interpelar a los programas de TV que miran todos los días y en vez de encontrar respuestas de todo, sean capaces de hacerles preguntas a esos mercenarios del discurso que aparecen en nuestra pantalla y se meten en nuestros hogares, para construir el sentido común de los sectores dominantes y que los dominados lo repitan constantemente como propios?

¿Cómo es posible que haya personas que viven en sociedad, que conviven con otros semejantes, consideren que el bienestar personal logrado lo hayan alcanzado aislados de la sociedad como si viviesen en una isla desierta?

Somos conscientes que en la batalla cultural la lucha es desigual, pero es necesaria darla día a día, deconstruir el conocimiento heredado y aplicar un pensamiento crítico que nos permita ser libres y realizarnos en un comunidad libre y organizada.

Referencias

1. Escritor estadounidense (1835-1910). Autor de Las aventuras de Tom Sawyer.
2. Locución en latín que significa “lo dijo el maestro”.

La culpa siempre es de los K. Los autoconvocados del “Yo Soy” y otras yerbas.

Por: Jorge Degli Innocenti

Jorge estudió abogacía, Alta gerencia Pública y Management y Marketing político. Militante de la juventud peronista en los años `70. Dentro de su amplia trayectoria en la labor política y social presidió una sociedad de fomento, fue concejal durante 20 años, autor de ordenanzas, presidente de bloque.

Además fue fundador de la Federación de Actores y Directores de la Argentina y hoy es socio de Argentores. Integra la comisión de Gobierno y políticas públicas del Instituto Patria. Fue fundador de la radio FM Federal. Entre otras tantas cosas.

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Creer que somos zonzos, o en todo caso capaces de cometer zonceras, sin siquiera proponérselo. Es una negación, de que hechos trascendentes tuvieran esa impronta en la historia nacional. Aunque las zonceras atraviesan por igual todas los sectores, debe siempre entenderse, que prende más en el medio pelo (o la famosa “clase media”) que en ninguna otra. Desde un pequeño comerciante a un gerente de una multinacional. Y donde quedan dos sectores afuera, los extremos de la sociedad: los más ricos y los más pobres. Unos se diferencian por su particular circunstancia de ser los que más padecen; otros, los que están en el otro extremo, son verdugos, sin piedad de que sigan así. No son zonzos, sino verdugos y víctimas.

El resto tiene una particularidad de ser un sector muy móvil, sujeto a los vaivenes de las decisiones de los más poderosos. No hay descenso de los trabajadores a un puesto en la clase media. Es solo ascenso. Aunque, si de acuerdo a posibilidades, siempre frágiles y no firmes, el pase de los más débiles hacia arriba, en circunstancias, basta apenas una brisa, para devolverlas a su lugar de origen. En los casos de sectores medios a la condición social descendente, lugar que no se percibe como un parecido de donde salió aunque no acepte y vuelve, siempre se sentirá mucho más cerca a una clase media alta. Aunque para este sector, no puede ni quiere aceptarlo. Ya que puede sentir un cimbronazo, pero se recuperará inmediatamente. Son, no quieren ser.

Y esto es típico de los sectores medios, piense como piense; no por un escala social ascendente, sino por la zoncera de asumir lo que no es, sin siquiera lograr ser aceptados. A lo sumo, tolerados.

Entonces estas trasversales zonceras, hacen repetir, y creer a muchos/as lo que dicen “las noticias”. Todos somos Nisman fue un ejemplo. Y marcharon, en recuerdo de dudosas calidades en sus actuaciones, y muchos más atraídos por un bon vivant que por un fiscal serio de la causa Amia, y esto yace en la idea de cómo vivir muy bien de una causa, rodeado de lujos y placeres pagos por el Estado. Sin producir algo serio para la causa que lo tenía como cabeza de la investigación. O sea adjudicarse, ser un pésimo ejemplo. Pero aunque se sabe qué pasó, sin dudas, la culpa tenía que ser de Cristina, y bajo este paraguas convirtieron un hecho trágico y personalísimo, en un invento mediático.

Marchaban, con caras conspicuas y sufridas por el magnicidio de “La Yegua”, hasta que un día no lo hicieron más. Se instaló como verdad revelada en los sectores cautivos del poder real. Obvio: el tema no involucra ni es causa nacional. Pero generó consecuencias. Una zoncera peligrosa, afirmar “yo soy, el que mató CFK”, el que investigaba su actuación como gobierno”. La gran víctima de esa zoncera, fue Jacobo Timerman, sin fundamentos más que el temor que muriese en el exterior. Más que como un acto de soberbia, de un también condenado a la misma enfermedad, fue por una manera de dar un mensaje de una comunidad y su política regente a alguien fervientemente creyente y practicante, que intentaba lograr la aclaración de un tema nacional. Pero, de fuerte pertenencia a una colectividad religiosa local, y que desde sus cenáculos, no coincidentes con todo el resto de la comunidad, pareciera que no se termina de buscar que se aclare definitivamente, se resuelva. Y justamente, en su gran mayoría, estos sectores tradicionalmente son antisemitas, con sus conductas diarias. Muches ni saben hoy que de pronto, decían y afirmarlo, ser, tato, como el Canciller, es más este de religiosidad probada, y practicante, seguidor de las tradiciones. El fiscal, no seguía ninguna.

Coincide el yo soy, con otra zoncera trasversal: Yo soy Vicentín, el pobre fabricante de fideos, y no un entramado, faccioso, pero que el gobierno fue en contra de la propiedad privada. ¿De quién? No sabían siquiera de la triangulación, del tráfico fluvial, de la falta de control de los dueños de los puertos a la Vera del Río. Y la gran deuda con acreedores locales. Y la más grande, la evasión fiscal o los préstamos de bancos estatales, o sea nos robaban a nosotros y no era un Vicentin sino un complejo con sede en Uruguay y Paraguay, en vías de proceso de quiebra, iniciado en la justicia, antes de ser visibilizado. O no hay más claro ejemplo de la zoncera: un humilde personaje en un auto Fiat Senda, de moda en los 80/90, con 30 años de uso, y escaso valor, poniendo los carteles de “Yo Soy Vicentin” en los vidrios. Ni para comprar un paquete de fideos le alcanza. Como si por creer o asumir que lo es y orgulloso de serlo... Exhibiendo la zoncera de creerlo, es culpable de realizarlo. Sin dudas, porque además comete una confesión de parte. Si sos Vicentin, pagá lo que debes. Aunque signifique vender tu capital mínimo, representado por el valor de ser Vicentin. Nada. No sos y lo que tenes, te exhibe y te aleja más de la realidad. Patético.

Y claro, somos republicanos y demócratas; parecemos a la Atenas de los filósofos. Aunque, como dice Anibal Fernandez: para algunos sectores decir escrúpulos, es creer que es una isla griega, y sin esto, pero en nombre de lo que se te ocurra, están habilitados para seguir a las deliberadas y aceptadas “verdades” emitidas por donde sea y en aras de pedir libertad de expresarse, cuando en realidad lo hacen públicamente, y sin censuras. Que zonzos, los que lo creen.

La visualización de marchas donde como una Babel de motivos, se juntan siempre “autoconvocados” por Patricia Bullrich, Macos Peña y Cambiemos. Motivo de profundo estudio, unos marchan contra el 5G, otros por el Terraplanismo, otros por conspiraciones internacionales, antivacunas, por Nisman, por la República, la libertad, por la seguridad, por la cuarentena, por la libertad cercenada aunque esté libremente reclamando y están ahí sin que nadie los moleste. Y la lista es muy larga. Tal vez solo así podrían ser reunidos, porque explicar los motivos generales o comunes, son fijados por agendas que no los consultan. Y van y vuelven, gritan. Y los verdaderos motivadores quieren ser dueños de un país que odian (robada frase). Ah. Eso. Si CFK, es el único punto común, de estos a-políticos, a-partidarios, que votaron a Macri, y que se reconocen antiperonistas. O sea, se contradicen ellos mismos. Antes eran más graciosos verlos pelear a los neonazis, con los anarcoliberales de Milei, Espert. Que zonzos.

Levantando un poco la escala, llegamos a obsesivas conductas de personajes televisivos que compiten por ser quien nombran como letanía, el nombre de CFK, llegó el ganador a nombrar 65 veces en 40 minutos. Obsesión, cuasi paranoica o amor no correspondido. Está enamorado el zonzo. Cuestión de marketing, esconder su origen semita, en un ambiente lleno, y para nada discriminados, en ese aspecto. Será parte de su zoncera, no exclusiva, ni original.

Decíamos que es transversal, porque cualquiera puede cometerla o reivindicarla. Con mis impuestos pago a los vagos que no trabajan y a los políticos; Cambiemos son ricos, no cobran sueldos, ni roban. Los que explotan la soja y el trigo, que no son el Campo, no quieren pagar más retenciones porque pagan 100 impuestos, obvio, después buscas y no pagan Afip, al Banco, a sus trabajadores golondrinas, ni las patentes, de chatas y autos caros, y menos los impuestos municipales en sus casas en la CABA. Qué zoncera. Si todos pagamos más de cien impuestos: compras aceite, cerveza o una lata de tomate o jabón, y pagas todos los impuestos. Es más, con lo que pagamos en el almacén todos los días, una parte corresponde a publicidad, con lo cual los dueños después distribuyen de acuerdo, ya no a selectivas posiciones de promover la compra, sino como medio de sponsorear políticas económicas que los favorecen. No sería una zoncera decir que con nuestros impuestos pagamos la voz de tantos mercenarios serviles que pululan, el éter de la radio y televisión.

Y como conclusión el gran Umberto Eco, estudioso hasta el último día, la relación lectura y redes. Y resumía en una conclusión, que aparece en su último libro, recopilación de artículos y conferencias dadas en sus últimos tiempos, y que mostrará sin proponérselo, una gran zoncera, mundial, donde el ”lo leí o lo oí en las noticias”, de la radio, TV o diarios, mutó por “lo dicen en las redes”. Contaba, que costumbre de salir del trabajo, y pasar un rato por el bar, bodega o lo que fuese, y tomar algo, relacionarse, siempre allí hay o había, un personaje por todos conocidos y que por un trago, contaba la ocurrencia más absurda, abyecta o cómica, sobre eventos de la actualidad. Y que satisfecha la necesidad del trago, a la hora de volver a casa todas las imbecilidades escuchadas se iban perdiendo, quedaban así, encerradas. No trascendían, no adquirían relevancia, cuanto más cerca del hogar y lejos del bar, hasta desaparecer totalmente al entrar. Y allí terminaba. Hoy, con las invasiones de las redes, resulta que esa opinión, casi íntima personal hecha a unos pocos parroquianos y que no poseía trascendencia, a lo sumo una sonrisa. Ahora con publicar en alguna red, termina resultando que hoy un imbécil, se cree con el derecho de discutirle o dar su opinión, hasta en su especialidad a un Premio Nobel. Claro ejemplo que demuestra el fenómeno de decir alguna cosa, de cualquier tipo, donde grandes cantidades de gente las leen, repiten, como verdad revelada. Y sin ningún asidero o viso de realidad. Y lo vemos en las opiniones que se versan, en tantos lugares. Aunque una gran zoncera impuesta, si queda. Causa efectos, y hoy cuestionadas éstas redes, obligándolas a poner freno a las fake news, siempre generadas por el mismo sector ideológico mundial, ya no se los pinta como fenómeno. Menos como verdad. Total ya se sabe La culpa de todo son los K, que se robaron todo.

Los argentinos se van a Uruguay, porque allí se vive mejor

Por Carlos Lombardo

Carlos vive en Bernal, localidad del conurbano bonaerense. Lleva 41 años de trayectoria en la Industria Farmacéutica. Es Ingeniero mecánico graduado de la Universidad Tecnológica Nacional de Avellaneda, lugar donde integró el Centro de Estudiantes desde sus inicios. Desde el año 2010 integra el Foro de Pensamiento Crítico.

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Una de las afirmaciones más escuchadas en los últimos días se refiere a la gran cantidad de personas que se van a vivir “mejor” a Uruguay. Esta afirmación es absolutamente falsa, y solamente conlleva una intención de reafirmar alguna de las zonceras más típicas de Arturo Jauretche, que plantea que nos quieren inculcar que somos incapaces de desarrollar una sociedad más justa, más alegre, más igualitaria; desarrollando de esta manera un profundo “ apocamiento” en el denominado medio pelo argentino, que se monta en estas afirmaciones.

De esta manera, se disminuye la potencia de la comunidad, y se enrarece la sociedad, implementando una sensación de impotencia, de ahogo y de frustración para las grandes mayorías que ni en sueños han pensado en dejar su tierra.

Para simplemente desenmascarar estas afirmaciones, vamos a los datos reales registrados de las emigraciones de Uruguay y de Argentina… y, paradójicamente, a dónde emigran los Uruguayos:
Uruguay, emigración año 2019, 633.000 personas, 18,36 % de su población

Adónde van….

Argentina …21,32 %
España …11,93 %
U.S.A …8,8 %

Argentina, emigración año 2019, 1.013.000 personas, 2,27 % de su población

Adónde van…

España …25,65 %
U.S.A …21,24 %
Chile … 7,18 %

*FUENTE: Datosmacro.com

La Rebelión de la Base, La Organización de la Base, El Poder de la Base

Por Aurelio García

Aurelio nació un 25 de septiembre de 1941 en la Provincia de Santa Fe. Casado, con cuatro hijos y seis nietos. Hincha de Boca. Militante de toda la vida. Se desempeñó en la actividad política, gremial y social. Entre los años 2013 – 2015 completó sus Estudios Secundarios con el plan FINES y entre el 2016 y el 2019 realizó la Tecnicatura de Política, Gestión y Comunicación en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV)

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Esta es una zoncera por inversión del concepto de “revolucionarios en el decir y dictadores en el hacer” y la descubrí durante mi accionar en un Sindicato (en plena dictadura militar encabezada por quién pretendía ejercer el poder por 20 años) en una época de acontecimientos internacionales y nacionales – Mayo Francés, Cordobazo – que incentivaron nuestro accionar militante y solidario. En qué consistía: la conducción del gremio me encargó que, junto a un entrañable compañero, nos abocáramos a la tarea de formar y organizar la Juventud Sindical de los trabajadores que adherían al sindicato.

Comenzó entonces una de las tareas colectivas más hermosas que me tocó protagonizar. A nuestra convocatoria concurrieron Delegadas/os, miembros de Comisiones Internas, Activistas de numerosos establecimientos que integraban nuestro sindicato. Nuestra actividad consistió en intercambiar ideas, experiencias y objetivos en reuniones informativas, deliberativas y resolutivas.

Nuestra presencia y protagonismo en Plenarios de Delegados y Asambleas Generales del Gremio fue en aumento. En todas estas reuniones nuestro apoyo a la conducción del gremio fue constante.

La conducción de nuestro sindicato enfrentada a lo que en su momento se denominaba Burocracia Sindical, cuando la CGT decretaba “Paros Materos” nuestra entidad en Plenario de Delegados y Activistas convocados al efecto, decretaba “Paros Activos”, la mayoría nos concentraba en Parque Chacabuco y Parque Lezama.

Hasta que, en ocasión de un hecho memorable que se realizaría el 31 de agosto de 1973 en la CGT, ocasionó lo que en mi humilde opinión fue un antes y un después.

Así fue, en un Plenario de Delegados y Activistas convocado para el 28 de agosto de 1973 la conducción del gremio, con el apoyo de los sectores de izquierda propuso la realización de un Paro por 24 horas para no sumarse a la convocatoria de la CGT. Por primera vez, la moción de la conducción fue derrotada por el protagonismo de la Juventud que votó por la presencia activa de sus integrantes en la convocatoria que realiza la CGT para homenajear al –hasta hoy – único Presidente Constitucional electo tres veces por el voto de los ciudadanos de nuestro hermoso País.

Es necesario aclarar que nuestra presencia en dicho evento fue masiva. Otra, partimos desde la puerta de nuestro sindicato. Este pequeño resumen es el antes.

La conducción del gremio me responsabilizó por estos hechos. Aclaro que durante todo este lapso de tiempo, fui colaborador de la Secretaría de Organización sin tener cargo electivo alguno.

Durante el mencionado plenario, estuve en la mesa de conducción y el protagonismo que realizó la Juventud para derrotar la postura de la conducción fue espontánea y desconocida por quien relata. El 28 de Septiembre, la conducción del gremio realiza una reunión ampliada de Comisión Directiva para juzgarme. Así, quién les habla, se sentó en el banquillo de los acusados.

La recriminación casi totalitaria fue que no cumplí con las directivas emitidas por la Conducción, que le hice el juego a la “Burocracia”, entre otras acusaciones. Mi respuesta fue terminante: solo me limité a cumplir las consignas que constantemente predicaba la conducción. Esto es, predicar, organizar y fundamentalmente escuchar a la base. Mi renuncia fue inmediata. A los compañeros de la Juventud no les permitieron seguir reuniéndose en las instalaciones del Sindicato. El Secretario Gremial, el Secretario de Actas, un Vocal Titular y otro colaborador se solidarizaron y también renunciaron a la Secretaría Gremial. Como éramos dos los responsables de formar y organizar a la Juventud, en dicha reunión preguntaron por el otro compañero, que en esa época estaba enfermo, a quién desligué por completo de lo ocurrido en el mencionado plenario. Esto es el después.

Espero que me comprendan, esta zoncera, fue una experiencia inolvidable, y forma parte de un derrotero que a través de los años potenció una gran utopía que tardó 18 años en concretarse.

¿Cómo se explica que luchando por el regreso del Líder, cuando esto se produce, te pones en contra?

Otra; quienes denotaban a la “Burocracia Sindical”, hace 36 años conducen ininterrumpidamente un Sindicato.

¿Será apropiada para esta zoncera aquella frase “mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar''?.

¿Ud., qué piensa?

Los Pobres No Llegan a la Universidad

Por Marcela Mariana Macari y Juan Domingo Perón

Marcela es docente universitaria y de nivel medio. Además es guía universitaria en turismo. Por su lado Juan Domingo es docente de nivel medio y Licenciado en Ciencias Ambientales. Ambos residen en Berazategui, ciudad al sur del conurbano bonaerense.

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Arturo Jauretche a través de su obra nos propone pensar la zoncera como un sistema lógico construído a partir de un axioma que, con pretendida objetividad e incuestionabilidad, se nos inculca a través de diversos medios. Las zonceras, impuestas y repetidas sistemáticamente con pedagogía colonialista, impiden “pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido” (Jauretche)

Al decir de don Arturo, pensamiento con el cual coincidimos, la madre que parió a las demás zonceras es “civilización o barbarie” y su mentor fue Sarmiento. Esa idea implica un juicio basado en la ineptitud del nativo, pero asimismo transferido al hijo del inmigrante, a los migrantes internos y, desde ya, al sector más pobre de nuestra sociedad. Pobreza que, por otro lado, la generación de Sarmiento junto con sus sucesores, han edificado desde los inicios del Estado Nación, con sus sometimientos, inequidades, expoliaciones y cipayismo.

De esta zoncera derivan las demás, pero en este artículo queremos dedicarnos a pensar en la zoncera expresada por la ex gobernadora María Eugenia Vidal pero compartida por tantos: “Nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad”

Las zonceras nacen como prejuicios y se instalan como razones siendo falacias. Son “enunciados que se automatizan y terminan por constituirse en coartadas perfectas para la inacción” (Narodowski, 2018) En estas coartadas para la inacción se sustenta la zoncera dicha por la ex gobernadora. Si ningún pobre llega a la universidad, es suficiente argumentación para aceptar la naturaleza de la desigualdad. “logrando la paradoja de que no importa cuál sea el plazo de concreción del cambio puesto que ningún cambio es posible” (Chendo, 2018)

Por supuesto que no es la única zoncera en la educación, hay otras tantas que justifican y refuerzan la idea de exclusión natural, de inequidad pasivamente aceptada, de mérito clasista. Desde Gonzalez Fraga, quien dijo que le hicieron “creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”, y, aunque no habla del acceso a la educación, podría abarcarlo implícitamente; hasta el “¿Qué es esto de universidades por todos lados?”, palabras del entonces candidato a presidente Mauricio Macri, difundidas en 2015, o la indignante frase del ex presidente cuando, en momentos de ponderar una prueba foránea de índices de rendimiento formativo, habló de “caer en la escuela pública” como un castigo para quienes no pueden pagar una escuela de gestión privada, que, por supuesto, el personaje reconoce como de mayor calidad educativa.

La Provincia de Buenos Aires tiene 22 universidades nacionales públicas. De ese total, diez fueron creadas en los últimos 15 años, todas durante las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Del total de 22 universidades, 14 están ubicadas en el Conurbano bonaerense.

La ex gobernadora pronunció la frase "¿Es de equidad que durante años hayamos poblado la Provincia de Buenos Aires de universidades públicas, cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?” en una charla ante socios del Rotary Club en el Hotel Sheraton. Primero se erige en jueza de equidad como si sólo ella o quienes la acompañan pudieran tener la altura moral para evaluarla. Y por otro lado, cuando dice “todos los que estamos aquí” también alimenta ese concepto que habilita a unos pocos elegidos a ordenar la vida de todxs.

Los datos, sin embargo, muestran un crecimiento de personas de bajos ingresos que viven en el Conurbano y asisten a universidades nacionales. En base a cifras de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, sabemos que en 2015 había 315 mil personas residentes en el Gran Buenos Aires que asistían a universidades públicas, la mayoría a establecimientos ubicados en el Conurbano.

De esas 315 mil personas, casi el 12% pertenecían al quintil de menores ingresos, es decir, al 20% más pobre de la población del Conurbano. En número absolutos, había casi 38 mil alumnos del quintil más pobre en universidades nacionales. En el quintil de mayores ingresos, es decir, el 20% más rico, el número llegaba a 83 mil alumnos, el 26% del total.

No esquivamos la problemática de la inequidad educativa en nuestro análisis, sabemos que el que nace en la pobreza tiene muchas dificultades económicas para asistir a la universidad; sin embargo los números muestran una evolución favorable. Los dos quintiles de más bajos ingresos del Conurbano fueron los que más evolucionaron en la matrícula de universidades nacionales. En el período 2008-2015 la matrícula en universidades nacionales en el quintil más pobre del Conurbano creció un 47%, y el quintil siguiente (quintil 2), creció un 95 por ciento. Por otra parte, el quintil de más altos ingresos (quintil 5) creció un 21%, y el que le sigue en ingresos (quintil 4) creció un 28 por ciento. Según un relevamiento de las mismas universidades, podemos dar cuenta de que, por ejemplo, en 2016, en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) el 72% de los egresados era primera generación de universitarios de su familia, mientras que en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), ubicada en Florencio Varela, el 85% de los estudiantes eran primera generación.

La universidad pública es hoy una de las pocas herramientas de movilidad social ascendente que existen en Argentina. Es la que garantiza la igualdad de oportunidades y de formación, de tal manera que el acceso a la educación superior se constituye como un derecho humano inalienable e irrenunciable.

Estamos convencidos de que el acto de pensar es cuestionar lo que el sentido dado, a través de ideologías y la opinión pública establecidas por los grupos del poder hegemónico y sobre todo difundidas por los medios de comunicación, se empeñan en presentarnos como obvio, natural, razonable. Por ello es indispensable deconstruir la lógica de las zonceras impuestas, que estamos habituados a repetir irreflexiva y acríticamente, y desarrollar la práctica de reflexionar de manera autónoma. Eso contribuirá a liberarnos, es decir, descolonizarnos, tanto individual como comunitariamente.

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Bibliografía
CHENDO, M. (2018). Manual de zonceras educativas: Narodowski y una lectura jauretchiana de la educación. Archivos de Ciencias de la Educación, 12 (14), e053. https://doi.org/10.24215/23468866e053
COOKE, J.W. (2009). Obras Completas. Peronismo y revolución. Apuntes para la militancia. La lucha por la liberación nacional. Informe a las bases.Tomo V. Buenos Aires: Colihue.
JAURETCHE, A. (1973). Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor.
NARODOWSKI, M. (2018). El colapso de la educación. Buenos Aires: Paidós.
PAGINA 12. 31 de mayo de 2018. El prejuicio de un gobierno para ricos. https://www.pagina12.com.ar/118378-el-prejuicio-de-un-gobierno-para-ricos
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL. (2016) http://observatorio.unipe.edu.ar/wp-content/uploads/2016/08/Dossier-del-Observatorio-Educativo-de-UNIPE-Universidad.pdf

El antónimo de libertad

Por Kevin Libsfraint

Kevin tiene 27 años. Vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es socio y dirigente de la Asociación Atlética Argentinos Juniors. Miembro de la Coordinadora de Hinchas. Estudiante de la Licenciatura en Sistemas de la Información en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

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Desde hace unos meses, tengo el placer de participar de un espacio de formación y debate político, el cual me ha enriquecido en herramientas para comprender y analizar la realidad que nos rodea.

La figura de Arturo Jauretche fue ineludible a la hora de conversar sobre nuestra historia y sus incumbencias en nuestras vivencias en los tiempos que corren. Particularmente, una frase que destaqué sobre él fue la siguiente: “El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”

La campaña electoral del año 2019 fue protagonizada por la esperanza, el 10 de diciembre fue una jornada de plena alegría e ilusión, y los meses posteriores, incluyendo los primeros días viviendo en pandemia, fueron con escenarios de optimismo de cara al futuro. Luego, el Gobierno perdió la predominancia en la escena pública contra la oposición, la cual no solo fue encarnada en sus actores políticos sino también en los medios de comunicación, con un argumento que fue utilizado por opositores a las estrategias contra la pandemia en múltiples países del mundo: la temible falta de libertad que aprovechan los “gobiernos dictadores” que, como medida de cuidado, impulsaron el confinamiento.

Este argumento de falta de libertad hizo que, con el correr de los meses, cada vez más compatriotas se vean, como indicó Jauretche en su frase citada, desmoralizados y entristecidos en la lucha contra el coronavirus. Lo llamativo es que las quejas más virulentas, agresivas y radicales a la cuarentena fueron de parte de personas que no precisamente contaban con necesidades básicas insatisfechas y, en muchos casos, tampoco tuvieron perjuicios económicos en el marco de la pandemia; como sabemos, en etapas de crisis quienes más sufren son quienes menos tienen.

Nacho Levy, referente de La Garganta Poderosa, realizó en el mes de junio un Instagram Live con Itziar Ituño, reconocida actriz de La Casa de Papel, en la cual contó una anécdota que me quedó grabada, la cual le da lugar al título de este artículo: se trata de la historia de un chico que, realizando una de las actividades en la Villa Zavaleta, estaban aprendiendo sobre sinónimos y antónimos, y al surgir la palabra “libertad”, luego de varias dudas en el taller sobre una definición exacta, el chico sugirió: “para mi, el antónimo de libertad, es no comer”

Esta historia es la que me llama a describir la zoncera que más se popularizó durante la pandemia: la supuesta falta de libertad. Y lo que me hace preguntarme. ¿Cuánto vale la libertad? Este artículo no busca responder sino hacernos preguntas, cuestionarnos, debatir, en definitiva invito a pensar, no creo que existan ni que sea necesario tener las respuestas a estas preguntas, sino que pueden ser un puntapié inicial de cara a desear y soñar con un país más justo.

¿Mi libertad vale 40% de pobreza, miles y miles de pibes y pibas sin oportunidades, familias sin techo? ¿Mi libertad vale tanta desigualdad? ¿Cuánto resignaría de “mi libertad” por tener un mundo mejor? ¿Estoy dispuesto a resignar algo? ¿No es obsceno tanto escándalo y oposición en que un 0,02% de la población haga un aporte extraordinario, cuando tantos y tantas que se privaron de ingresos durante la pandemia ese aporte, aunque para las planillas de Excel sea “indirecto”, ya lo hicieron? ¿O en realidad es como afirma Iñigo Errejón, diputado español, en que “Las libertades que se compran con dinero no son libertades: son privilegios para unos pocos”?

Para concluir el artículo, deseo que de cara al futuro esta sea una zoncera que identifiquemos y comprendamos para tener una mirada por un mundo diferente, inclusivo, integral e igualitario, con pensamiento crítico y bases sólidas para los debates que enfrentamos de cara a la tan necesario recuperación que el país debe llevar adelante. Y que ese camino lo podamos recorrer con alegría y esperanza.

Introducción a la metodología del pensamiento crítico de Arturo Jauretche

Por Jorge Márquez

Jorge es de Quilmes, Docente. Licenciado en Ciencia Política, Maestrando Universidad Nacional de Quilmes en Ciencias Sociales y Humanidades (mención sociología) y autor de Al Sur de la Utopía, Una historia política de Quilmes 1955-1983 y coautor de la revista Pueblo Kilmes.

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A modo de introducción, plantearemos que la profundidad del pensamiento jauretchiano marcó la necesidad de disputar un paradigma hermenéutico. En esa construcción hay cuestiones centrales que refieren a una metodología de la configuración de “verdades” —sostenidas sobre falacias— que cimientan visiones historiográficas que retroalimentan lo incomprobable y profundizan la colonización pedagógica y consecuentemente cultural.

A partir de la idea y clasificación taxativa de las Zonceras (Jauretche, 1973) se incrustaron socialmente falsas dicotomías, a manera de conocimiento, pergeñadas por visiones de país sostenidas por corrientes de pensamiento eficaces. Cuando hablamos en particular de estas corrientes de pensamiento, nos referimos a justificaciones de lo antipopular que lograron persuadir a los menos beneficiados, de la conveniencia de los planes de quienes detentaban el poder (económico). Esta operación se comprueba en un ethos que se reproduce aun en nuestros días.

Existe así, un proceso de imposición de una cosmovisión, donde “la civilización” era la imprescindible salvación frente a la barbarie. Se encorsetaba una realidad a una representación que tenía como objetivo trasplantar modelos, evitando la nacionalización de la discusión política. Por eso, la traba para “el progreso” era nuestro clima, la composición étnica y nuestras calidades sociales: a partir de esto, se construye, desde las elites, una cadena de definiciones que conllevan imposiciones.

Es por eso que una zoncera es un sofisma que no permite analizar su recorrido lógico, porque impone un desenlace para difundirlo como origen de naturalizaciones.

Esa sumatoria de conclusiones inexpugnables (porque no han sido discutidas) mantendrá su poder en la reproducción de axiomas que no se objetan.
Se inoculan creencias, esa es su fortaleza: ser popular es ser bárbaro, frente al civilizado portador de la alquimia eurocentrista.

Aquí, surge, una vez más, poderoso el pensamiento de Jauretche, cuando demuestra que hay sectores de la sociedad que se aferran y defienden afirmaciones lejanas a comprobaciones incluso a aquellas que los y las perjudican.

Pensar críticamente es diseccionar nuestro mundo cotidiano a partir de cuestionar ideas, causas de nuestras acciones. Las zonceras actuales tienen que ver con la asimilación de determinados discursos mediáticos como origen del conocimiento, sin demanda de avales. Basta ver discusiones televisivas con paneles de opinólogos que afirman sin resquemores postulados incomprobables.

Suma analizar la utilización de las redes, en tanto la difusión de las fake news, constituyentes de perfiles políticos y conductas sociales, apoyado en un sistema donde la libre expresión es la fortaleza mediática de imposición del sector que tiene mayor poder económico. Se torna líquido —parafraseando a Bauman, (2004) — el conocimiento y fundamentalmente, se generaliza (como falencia metodológica y habilidad hegemónica). Por eso, no debe extrañarnos determinados titulares o noticias, que buscan generar la agenda de los temas.

Nuestra construcción social naturaliza imposiciones de hábiles ideólogos que excluyen el valor de la argumentación y posicionan la repetición de zonceras. Planteadas en un campo en el que no tiene valor la racionalidad en los aportes, pero sí, el posicionamiento de una idea conveniente a minorías que reproducen su poder de diseño —repetidas hasta el hartazgo—.

Por eso, Jauretche provoca el corrimiento del velo a una doxa disfrazada de episteme.

La imposición primaria y dialéctica de civilización o barbarie, define un anclaje en el colonialismo intelectual. Una sentencia que no deja lugar a alternativas y cuya fuerza no está en el arte de dar razones, el mismo se excluye fomentado el dogma, porque su eficacia no depende, tanto en las razones en una discusión, como en que no la haya.

No casualmente, un componente elitista ha hecho de la zoncera en alguna oportunidad “la joya más preciada de la corona” (mención de Julio Roca en ocasión de la firma del Pacto Roca-Runciman), como eslabón de un recorrido que naturaliza la pérdida de derechos en nombre de un orden que es conveniente para unos pocos.
La base constitutiva de la construcción de conciencia hegemónica se basa en ideologías ajenas a lo nuestro y el triunfo en el campo del pensamiento, hoy se da sobre las conciencias que asimilan como propio aquello que les es distante o inalcanzable.

El progreso indefinido y la igualdad de oportunidades en un libre mercado que nunca es libre, forma parte de esa alquimia generadora de resultantes inequívocas.

Dicho de otra manera, sabemos que las oligarquías organizan fiestas a las que las mayorías no vamos a ir, aunque muchos estén convencidos que van a ser invitados.

En ese sentido, un gran logro ha sido la confusión de la pertenencia con la referencia, que conlleva pensar en función de lo que se desearía tener aunque no se tenga.

De esta manera, en la Argentina, en nombre de la república se defendió a dictaduras y a gobiernos fraudulentos, en nombre de la libertad se avalaron estatizaciones de deudas privadas y se cuestionaron los subsidios que beneficiaban a los consumidores y a las empresas estatales. La imposición de la no argumentación avaló que funcionarios que administraban la economía tuvieran sus ahorros en dólares en otros países. De esta manera también, podríamos decir que los ajustes siempre son necesarios para poder “ingresar” al mundo que establece las formas de financiamiento convenientes.

El pensamiento crítico no convalida zonceras, tales como que los pobres no van a la universidad, o que el único camino es la meritocracia, cuando las oportunidades mayoritariamente, son para unos pocos.

Hoy se trata de difundir hay que irse, que no hay futuro, que los que pagan los impuestos sostienen malas políticas y que lo popular, en sus diversas manifestaciones, es dañino. Sin embargo, algunos ciudadanos que apoyan estos apotegmas no han sido más que víctimas de abusos de poder.

Hoy, más que nunca, hay que postular la lectura de Jauretche y militar la argumentación como método.

La zoncera, como la reproducción de las falacias, no soporta cuestionamientos: Jauretche sigue señalando y explicando el camino a construir cotidianamente, “la vacuna” contra las manipulaciones colectivas que nos inmunizan del virus de la ignorancia complaciente.

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Bibliografía
Bauman, Z (2004). La Modernidad Líquida. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica.
Chul Han, Byung (2014). Psicolpolítica. Buenos Aires. Herder.
Dario Sztanjsrajber (2017). El pensamiento crítico. Tomado de https://www.youtube.com/watch?v=Fvi9aufkq24
• Jauretche, Arturo (1974). El medio pelo Buenos Aires. A. Peña Lilo editor, S.R.L.
• Jauretche, Arturo (1973). Manual de Zonceras Argentina. Buenos Aires. A. Peña Lilo editor S.R.L.

Sinceramiento Tarifario

Por Graciela Ramirez

Graciela Ramírez es oriunda de la ciudad de Avellaneda. Tiene 65 años. Militante política, docente jubilada y analista de sistemas de computación nivel terciario. Fue delegada gremial. Actualmente se encuentra cursando la Licenciatura de Periodismo en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Participa de diversos espacios colectivos de reflexión y acción.

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En todo país colonizado que se digne de tal, las zonceras existen sin importar la época. Porque son la resultante de una colonialidad, que permitió consolidar un pensamiento hegemónico que conforma el sentido común impuesto por los grupos dominantes del sistema capitalista1.

Algunas se mantienen, otras se maquillan para parecer nuevas. Empiezan con la persuasión a través de la inoculación de algunas ideas, como la “necesidad de un cambio” cultural, moral. Los lenguaraces de las pantallas las replican por todo su espectro y cuando te querés dar cuenta, tu hermano/a, tu vecino/a, tu compañero/a de trabajo y cualquier otro Inocencio esquilmao2 que camina por el barrio, termina convencido de que el país “necesita un sinceramiento tarifario”.

Para aumentar tu indignación, te muestran imágenes de vecino/as que manifiestan porque después de una semana, siguen con el suministro eléctrico interrumpido. Y otra vez los medios hegemónicos te invitan al gran programa “Hablemos sin saber”, donde sus periodistas entrevistan a funcionario/as que refuerzan la idea de que no se puede invertir si las tarifas no aumentan.

Agregan otras zonceras como: “Deben gobernar los ricos, porque, como tienen plata no van a robar”. Y, “El Estado no debe intervenir en la economía, al equilibrio se llega por el libre juego de la oferta y la demanda, todo lo regula el mercado”, frase que los economistas neoliberales, fieles cancerberos de los intereses de las grandes corporaciones, grabaron a fuego en la memoria colectiva de nuestro pueblo. De esa manera, consiguen que repitas todas las frases que pusieron en tu boca: el fin de la energía barata, pesada herencia energética, abismales subsidios, déficit comercial, derroche en el consumo, escasez energética heredada. El plan perfecto para convencer a los distraído/as de aprobar medidas que permitan la pérdida de sus propios derechos.

Así, convencieron a la ciudadanía de que nos quedábamos sin gas, petróleo y electricidad y el 16 de diciembre de 2015, la administración de Cambiemos decretó la Emergencia Energética nacional.

Y lo que antes habían definido como sinceramiento tarifario, se convirtió descarnadamente en Tarifazo. Que, en palabras de Federico Bernal, no es ni más ni menos, que toda la ciudadanía subsidiando a un puñado de empresas socias y dueñas del Poder Ejecutivo, para contribuir a financiar el megaendeudamiento que se contrajo, no para invertir en mejoras de los servicios, sino para alimentar la bicicleta financiera y fugar el dinero hacia paraísos fiscales.

Los CEOS de las corporaciones, abiertamente, ocuparon cargos desde la presidencia hasta la última secretaría. Se produjeron designaciones de sus “colaboradores”, en la administración pública con abultados sueldos; después de implementar una campaña de estigmatización que justificara el despido de miles de trabajadores, con o sin militancia en la gestión anterior.
Tomemos algunos datos para no olvidarnos que el aumento de las tarifas, más allá de ser producto y generador de inflación, respondió a una decisión política para favorecer a algunos sectores y condenar a otros a la desesperación:

En el pago del servicio de agua potable brindado por AYSA, se produjo una transferencia de ingresos de las familias a la empresa, entre 2016 y 2017 de 4758 millones de pesos, que ascendería a 7036 millones en 2019.

En el transporte público de pasajeros que incluye trenes, colectivos y subte el total de lo transferido entre 2016 y 2018, fue de 15.682 millones de pesos.

Las petroleras recibieron en dos años más de 7000 millones de dólares entre subsidios ciudadanos vía tarifa y subsidios estatales. Las energéticas de Marcelo Mindlin y Nicólás Caputo, casualmente socios del Presidente, sólo en 2017 obtuvieron una ganancia de 9076 millones de pesos. El gas en boca de pozo, por su parte, pasó a tener el precio más alto del mundo.

Todo eso posibilitado por un Ministro de energía, Juan José Aranguren, CEO de la empresa Shell, beneficiaria permanente en cuanta licitación presentara sus pliegos. Y el ENARGAS (Ente Nacional regulador del gas), que pasó a ser dirigido por las mismas empresas que debía controlar.

Como vemos, las creencias de los zonzos nos salieron muy caras a los argentinos. Algunos se dieron cuenta cuando tuvieron que pedir préstamos para pagar las tarifas. A otros, no les quedó más remedio que cerrar sus pymes dejando miles de trabajadores en la calle. Los clubes de barrio, que servían de contención para los pibes más humildes debieron cerrar sus puertas. Lo mismo pasó con los clubes de jubilados, los centros culturales y también con las grandes empresas. Las autoridades se regodeaban diciendo que había un importante ahorro de energía, otro eufemismo para enmascarar la estrepitosa caída en la producción, que se vio afectada, además, por la apertura del mercado.

Sería bueno pensar que cada vez engullimos esas zonceras, terminamos embromados por los mismos en quienes confiamos y a los que nos queremos parecer. Esos, que nunca nos dejarán disfrutar de su fiesta.

Por otro lado, debemos preguntarnos si hablar de zonzo no es simplificar el análisis, mientras el diccionario define como tal a quien no tiene viveza, energía, ni gracia. Nos enfrentamos a subjetividades afectadas en cada uno de los ámbitos de sus relaciones, por nuevos y viejos recursos comunicacionales, entre otros, que utiliza el capitalismo para imponer sus ideas.

En palabras de Arturo Jauretche, no somos zonzos, nos hacen zonzos, para que no nos vengamos grandes.

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1. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20140507042402/eje3-8.pdf

2. Galasso, Norberto. Inocencio esquilmao: Un votante de clase media. Editorial Colihue.

Bibliografía:

Bernal, Federico. La estafa del tarifazo: Radiografía del Fraude del siglo y aportes para la defensa del interés popular y democrático Federico Bernal. -1ª ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Colihue, 2017.

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