Es sábado y son las 10.25 de la mañana. El aula Ingeniero Ruggeri de la UTN-FRA comienza a poblarse de voces compañeras. Carlos cumplió años y llevó torta. Corta y convida a todes. El mate empieza a circular.  Son las 10.30 y estamos listos para arrancar: “Esperamos diez minutos más por si alguien viene demorado” dice Adriana. Hoy hay taller de pensamiento crítico y lo coordina ella.

Vamos a hablar de feminismo y lo vamos a pensar desde la perspectiva de la filosofía de la multiplicidad. Hay interés, hay ansiedad de comenzar la conversa. Saco el cuadernito y comienzo a tomar apuntes.

El devenir mujer

“La idea es que podamos pensar al feminismo desde su estructura, y para eso vamos a recurrir a una propuesta de Deleuze: eso que él llamó  el devenir- mujer”. (Adriana nos cuenta que para Deleuze hay cuatro tipos de devenires: el devenir-animal, el devenir-mujer, el devenir-niño, y por último el devenir-imperceptible. La imagen del devenir no tiene que ver con un movimiento de imitación, sino con una desmarcación, es decir con un alejarse de toda estratificación, con un correrse de toda dialéctica totalizante que niegue la multiplicidad y la diferencia)

Lo otro de lo Mismo, lo otro de lo Otro.

“En el sistema patriarcal el mundo de “lo Mismo” es  el mundo del hombre. Lo masculino define la norma. Es el mundo de la ley, del lenguaje, de la identidad. Lo masculino como lo idéntico. Desde éste lugar “lo Otro” (lo femenino) es pensado como “lo otro de lo Mismo” (Acá resuenan fuerte metáforas religiosas, psicoanalíticas y amorosas que nos constituyeron desde la más tierna infancia: “La mujer como la costilla del hombre”; “la mujer definida por su falta de pene y su envidia hacia el hombre por tenerlo”; “la mujer como la media naranja que completa al hombre”, etc…). “Se coloca a lo femenino en el lugar de lo oscuro, de lo ambiguo, de lo que no se entiende y que por inentendible pude ser peligroso a la armonía del orden patriarcal. Por eso es necesario que toda diferencia sea capturada y subordinada a como dé lugar: si no alcanza con la palabra disciplinadora, se recurrirá a la ley masculina y si eso no basta será la muerte un mecanismo de control. La muerte de “lo Otro” es la expresión más cruel de un sistema que necesita dominar la alteridad, detener todo movimiento de fuga. En éste caso los femicidios son la expresión más atroz de esa maquinaria masculina que se sostiene en el dominio de la diferencia”

“En cambio el devenir-mujer implica otra cosa. Es una puerta a la alteridad. Ya no se trata de capturar la potencia de lo heterogéneo, sino dejarse atravesar por ella.  “Lo Otro” como esa alteridad que no puedo conocer pero que es la fuente de mi propia potencia. Lo Otro en su potencia de afectarme y dejarse afectar.”

(Desde estas coordenadas ya no hablamos de “lo otro de lo Mismo” sino,  de “lo otro de lo Otro”. Una otredad que se afirma sobre si misma sin ser subsumida al régimen de lo Mismo. El devenir mujer es abrirse a la alteridad y esa apertura implica reconocer que somos siempre una diferencia de potencia. El patriarcado ha transformado la potencia del hombre en Potestad, y la potestad es sinónimo de domino, es poder de sojuzgamiento. Por eso no se puede “devenir-hombre”).

El patriarcado como agenciamiento

“El patriarcado es un agenciamiento que sobre-codifica el lugar del hombre. Constituye una estructura binaria que coloca a lo masculino como lo universal y lo instituye como el agente racional exclusivo y excluyente. Desde esa estructura binaria impone a todo sujeto un lugar en el ordenamiento social.” (Por eso la diferencia sexual no es algo dado de una vez y para siempre. No es principio metafísico ni origen natural del sentido. Es un constructo del poder –patriarcal, falogocentrico- que funciona políticamente dando lugar a la sumisión y subordinación de la diferencia a la Mismidad)

Abrirnos a lo otro es abrirnos a lo virtual y abrirnos a lo virtual es abrirnos a otra sensibilidad

“En el plano de “lo Mismo” existe lo posible. En este sentido la creación es al fin y al cabo una combinatoria de elementos existentes. Pero en el plano de “lo Otro” existe lo virtual. Lo virtual no como algo previo, sino como insistencia: es el devenir mismo. En el devenir hay creación, hay invención de algo que no existía. Abrirnos a lo virtual es por lo tanto abrirnos a otra sensibilidad” (Albergar lo otro, dejarnos atravesar por la alteridad es habilitar nuevos posibles).
Ya son las 12.40 y nadie se mueve de su lugar. Adriana cierra la última idea y se despide. Cierro el cuaderno. Quedamos todes con los ojos llenos de preguntas. Cada une reflexionado para adentro, mezcla de confusión y ganas de seguir hablando. La tarea de desarme parece inabarcable, pero por algún lado hay que arrancar. Se empieza empezando.