El discurso de EMPEOREMOS se estrella contra el muro de la vida: en los hechos concretos, el ajuste es para las mayorías. Mayoría que son los trabajadores, los empresarios pymes, los autónomos en su amplia variedad, los trabajadores precarizados, los jubilados, los beneficiarios de pensiones, es decir todos los que necesitamos vender nuestra fuerza de trabajo a cambio de un salario. Salario con el que cada vez se compra menos. Los alimentos parecen bienes de lujo.
El boleto del transporte público aumenta, la luz y el gas aumenta; le sacan el subsidio a los jubilados. El colmo: para que las empresas de gas no tuvieran pérdidas por la devaluación el Secretario de Energía devaluado, Javier Iguacel, tubo la brillante idea de que los usuarios le volvamos a pagar lo que ya habíamos usado y pagado, pero a un valor actualizado (eso sí en 24 cuotas y a tasa bancaria).
¡Cuánta sensibilidad social!
El proyecto dio marcha atrás, pero solo en apariencia: ahora en lugar de ser los usuarios quienes se hagan responsables de las “perdidas” de los empresarios del gas, será el Estado, es decir todos los argentinos.
Luego de conocerse el aumento en los índices de pobreza en 2016 Macri sostuvo, "Hoy sabemos cuál es la realidad. Este punto de partida es sobre el cual acepto ser evaluado como presidente: por si pudimos reducir la pobreza en este gobierno". Más que por la reducción de la pobreza la gestión macrista debería ser evaluada por el incremento en las ganancias de los más ricos, posibilitando el blanqueo de su dinero fugado ilegalmente, recurriendo a la “ayuda” del FMI para conseguir esos dólares que se fueron con la apertura indiscriminada de las importaciones y la falta de control sobre las exportaciones.
Este proyecto político que lleva adelante un plan económico que arroja saldos escalofriantes en cuanto al aumento de los desocupados por empresas que cierran, de gente viviendo en la calle, y de sectores que van quedando en los márgenes de los márgenes, es una bomba de tiempo. La coalición gobernante que venía a mejorar las condiciones de vida de la población, conservando las cosas buenas del gobierno anterior y corrigiendo aquellas que consideraban malas ha destrozado los pisos de inclusión construidos durante años, con consecuencias que llevará años revertir.
Esta situación acuciante a la que somos empujados y que en muchos casos lleva a la desesperación, nos conduce al enfrentamiento entre “pobres”, como si el de al lado fuera el culpable de mi situación. Cuando en veradad es toda la mayoría de los sectores populares la que padece de igual forma las políticas económicas de EMPEOREMOS: políticas neoliberales que condenan a la marginación cada vez a más argentinos.
La salud, la educación, la vacunación, las netbooks, poder llevar comida a nuestro hogar, es, en la prosa de “cambiemos” una ilusión que nos hicieron creer.
Según un informe de CIFRA, comparando los años diciembre 2015 – diciembre 2019 en base a la información del presupuesto nacional que se discutirá en el congreso, la inversión en educación y cultura caerá un 27%, en salud su disminución será del 16,1%; y el total de lo que compone los Servicios Sociales caerán un 3,6 %. Recordemos que las provincias también verán disminuidas las partidas que recibe de la nación.
Lo único que aumenta en el presupuesto es la deuda en dólares y los intereses que hay que pagar.
Es de suponer que el presupuesto enviado al congreso deberá ser modificado debido al nuevo acuerdo solicitado por Mauricio Macri al FMI; este presupuesto que es del FMI, que nos llega a través de su representante local Nicolás Dujovne, nos empuja hacia el abismo de la miseria y la desesperación, del sálvese quien pueda.
Es claro quién se beneficia y quién no.
El ajuste siempre lo paga el pueblo.
Otra democracia es posible
Nuestra democracia se limita muchas veces, al ejercicio de votar cada dos años. No hay participación ciudadana, una participación desde nuestras comunidades, desde nuestros barrios, ¿cuántos son los vecinos que participan en las decisiones de su municipalidad? Nos podemos animar a pensar que ha llegado a un límite este sistema de representación.
Lo que nos lleva a pensar que debemos construir otro tipo de democracia, una democracia donde cambiemos representación por participación.
Para lo cual deberemos tener más tiempo para dedicarnos a los asuntos comunes, los asuntos públicos.
Este sueño es más que claro que se construye entre todos, no hay manual ni receta a seguir, no hay lugar al que llegar, es un proceso de construcción sin fin, porque en eso va nuestra vida.