La globalización abre con prepotencia e indiferencia los territorios, se apodera de los beneficios de la tierra y la energía. El mercado, una suerte de abstracción pero con un peso económico-político concreto y real, no tiene identidad geográfica ni histórica.

Su única identidad es la utilidad económica: el hombre de negocios y el hombre como un negocio. Sólo se necesita seducir a cualquier precio a una población, de modo que ésta entregue todo lo que responda al campo de interés del poder económico. El poder político no será molestado mientras no obture con sus decisiones y acciones el flujo de capital de las corporaciones. De lo contrario será inmediatamente declarado en forma pública, a través del relato mediático, como un enemigo peligroso.

La plusvalía del mercado es la potencia y el tiempo de los individuos de modo indiscriminado, nadie queda afuera, ni aún el que cree tener un lugar privilegiado en el juego. El mundo todo es su territorio compuesto de flujos de dinero-potencia. El hombre masa sólo cuenta en tanto puente o vehiculizador de estos flujos, ya sea como sujeto de consumo, con el consecuente aumento de ansiedad e insatisfacción, o como productor de mercancías a bajo costo, con el aumento de la tristeza y de los sentimientos de fracaso y pérdida.

Este movimiento de acumulación que lleva siglos de presencia y transformación, llegando hoy quizás a su expresión más brutal, el neoliberalismo, encuentra en el siglo XXI, por efecto mismo de la miseria, el hambre y la desocupación que genera, dos modos posibles de desestabilización y ruptura de la hegemonía del mismo.
Uno fue y seguirá siendo experimentado en sectores de Latinoamérica como expresión de una mirada social, que quiere una distribución equitativa y justa de los recursos ambientales y económicos, así como un respeto igualitario ante la ley. Esta mirada de raíz local, se afirma en las diferencias históricas, geográficas y culturales para componer una polifonía de voces y propuestas sostenidas y basadas en el encuentro de hermandades. Una política de la amistad.

El abrazo solidario es un hilo conductor y organizador para enfrentar la colonización política-económica-cultural de un poder que busca la homogeneización y neutralización de los individuos, de modo que toda diferencia de pensamiento y de sentimientos sea considerada una anomalía peligrosa. En la neo colonización es necesario entregar el pensamiento y los afectos para ser domesticado y controlado. Pensar es crear y crear es resistir, nos enseña Foucault. Cuando las fronteras se abren en hermandad y se cierran a la prepotencia del interés, es “la calle” como territorio colectivo, lo que surge como sujeto de lo común, de lo que nos hace comunidad.

Los centros adversos a este movimiento de libertad y dignidad popular, enfrentan con blasfemias, descréditos y complicidad judicial y política, todo intento de apertura para construir comunidad. Comunidad que no niega las diferencias, sino que las usa a favor de un mundo mosaico y no un mundo de centros de poder.
Bloques de intensidad que vibran ante una historia compartida de logros y traiciones, que requieren de un esfuerzo y convicción en la acción política común, y que la dura tarea termina llevando a líderes claves en este proceso de lucha y esperanza alegre.

La otra alternativa que se ofrece como modo de desestabilización del proceso globalizador, es de un giro peligroso hacia una derecha nacionalista y bélica. Desde esta propuesta, que es un modo disfrazado del mismo juego neoliberal, se cambian los rostros sonrientes de sus representantes políticos por los dueños directos de los flujos de dinero, ese mínimo porcentaje mundial, que muestran por primera vez su cara afanosa de poder y dominio. ¿El mundo manejado por sus dueños?

Es así como el encuentro entre el Ceo político (Merkel) muestra su incomodidad ante la indiferencia brutal de los dueños (Trump). ¿Esto marca el agotamiento de un sistema y por eso la apuesta es a todo o nada, o por el contrario, el sistema se apropia de las almas adormecidas de los pueblos anestesiados por una cultura mediática embrutecedora?

Todo está por verse. El momento nos necesita críticos, lucidos y activos.